Para el trabajo que hoy hace tu equipo a mano
El trabajo repetitivo lo hacen tus agentes.
Tu gente aprueba.
Agentes que hacen las tareas que hoy tu equipo hace a mano —cargar, conciliar, cotizar, responder— cada uno con sus herramientas, sus permisos y sus límites. Y una verificación independiente que vuelve a leer tu sistema para comprobar que lo que el agente dice que hizo, lo hizo.
- quién lo pidió
- Sofía · Compras
- agente
- El que carga facturas
- hasta dónde llega solo
- aprobación > US$ 500
- se comprueba
- el asiento en el ERP
La llamada la hace el puente, afuera del contenedor del agente: ahí viven las llaves, que el modelo nunca ve.
Vuelve a leer el ERP por fuera del agente y lo compara contra cómo estaba antes: así separa lo que cambió esta corrida de lo que ya estaba así.
10 apps armadas con 27 acciones listas —y cualquier otra por HTTP o por un servidor MCP tuyo—. Cada acción entra con su riesgo puesto: leer, cambiar datos o pedir aprobación.
Los agentes
Un agente es un trabajador, no un chat.
Tiene un trabajo definido, una lista corta de herramientas que puede tocar y un límite escrito de hasta dónde llega solo. El trabajo entra desde un portal que usa cualquiera del equipo, sin saber programar.
En castellano y de corrido, como se lo explicarías a alguien que entra a trabajar mañana. No hay formulario ni plantilla: hay una conversación, y del otro lado alguien que repregunta.
Con su tipo, sus instrucciones escritas en tu idioma y sus límites: hasta dónde llega solo y a partir de qué monto frena y te pide aprobación.
límite · aprobación > US$ 500
se comprueba · el asiento en Odoo
Tu ERP, tu casilla, tu base. Cada una queda marcada según lo que puede hacer, y lo que no le habilitaste no lo puede usar aunque se le ocurra.
Cuando el agente dice que terminó, otro agente vuelve a leer tu sistema —con permisos de sólo lectura, distintos de los suyos— y lo compara contra cómo estaba antes. Vos aprobás con eso delante.
El trabajo entra solo
No hace falta que nadie se acuerde de pedirlo.
Una automatización es un agente con un disparador. Lo que hoy es «los martes hay que revisar los vencimientos» pasa a ser trabajo que aparece en el tablero, con su verificación y su aprobación, sin que nadie lo arranque.
Todos los días a las 8, o el primer lunes del mes. Con tu huso horario, así que un cambio de hora no lo corre una hora antes durante seis meses.
Tu ERP, tu tienda o tu casilla llaman a una dirección firmada y entra la tarea. Un aviso repetido no crea dos tareas.
Un llamado a la API con un token, para meterlo dentro de un flujo que ya tenés y no reescribir nada.
Y las dos cosas que hacen que una automatización se pueda dejar prendida: si dispara mientras la anterior sigue trabajando, vos decidís si se saltea, se encola o corren las dos; y si el sistema estuvo caído el fin de semana, el lunes no te vuelca doscientas ejecuciones atrasadas. Además hay un techo por hora y por día.
El diferencial
Un agente puede decir que terminó. Nosotros lo medimos.
El verificador vuelve a leer la fuente de la verdad —tu base, tu ERP, la bandeja de salida— por fuera del agente y con credenciales de sólo lectura distintas de las suyas, y la compara contra el estado de antes. Así separa lo que cambió este trabajo de lo que ya estaba así.
Casi todo el mercado supervisa un modelo con otro modelo. Cuando los dos comparten el mismo punto ciego, el que supervisa aprueba el error.
No le preguntamos al agente si lo hizo. Volvemos a leer tu sistema.
El producto
Una sola pantalla te pide algo. El resto se mira.
Aprobaciones: lo que está esperando a una persona, ordenado por lo que necesita criterio y no por fecha. Arriba, donde el agente dijo una cosa y la medición dijo otra.
entraron, sin ejecutar
agentes trabajando
el verificador midió en limpio
el verificador lo frenó

Las llaves
El trabajador no tiene las llaves de tu empresa. El modelo nunca ve tus credenciales.
No es una cláusula del contrato: es cómo está armado. El agente pide una herramienta por su nombre y la llamada la hace otra pieza, afuera de su contenedor: ahí se aplican sus permisos, ahí se abre la credencial y ahí queda escrita la llamada.
- Se crea para esa tarea y se destruye al terminarla
- Su red no llega a internet: sale por un proxy o no sale
- Adentro no hay ninguna credencial tuya, ni la base de datos
- Guardadas con una llave por organización que el portal no puede abrir
- Los permisos deciden antes: ejecutar, denegar o esperar una aprobación
- Sólo se alcanzan los destinos que tu organización declaró
Una factura, un correo o un formulario traen texto escrito por alguien de afuera, y ese texto puede venir con instrucciones. Los agentes que leen ese material se marcan como contenidos: corren en un contenedor obligatorio, sólo pueden leer, usan únicamente las credenciales que alguien nombró una por una, y no pueden pasarle un pedido a otro agente. Y lo irreversible no lo compra ningún tope.
A cada agente se le tira una tanda de entradas hostiles —órdenes escondidas en un texto, un pedido de que cuente su credencial, un monto disfrazado de chico— y cada ataque se corre suponiendo que el agente obedeció: lo que se anota no es si se resistió, sino si la plataforma frenó el efecto igual. Lo que no se pudo medir se lee «sin medir» y no cuenta como frenado.
Ingeniería dedicada
No te vendemos la herramienta y suerte. Un ingeniero nuestro arma tu agente.
La plataforma la opera tu equipo; el agente lo construye un ingeniero nuestro, metido en tu operación. Releva el proceso con la gente que hoy lo hace a mano, lo conecta a tus sistemas y no lo suelta hasta que los números digan que resuelve.
El proceso lo conoce tu gente: el ingeniero lo escribe con ella, conecta el agente a tus herramientas y le deja los permisos y los topes fijados por escrito.
Casos reales tuyos convertidos en evaluaciones. El agente se corre contra esa tanda —y contra las entradas hostiles de arriba— una y otra vez, y no atiende a nadie hasta pasarla.
Cada tarea queda con su costo y su verificación. El retorno no es una promesa del vendedor: es una resta que hacés vos — lo que salía hacerlo a mano contra lo que muestra el tablero.
Planes
Se prueba solo. Se pone a trabajar hablando.
La prueba nace con su tope de gasto y sus cuotas escritas en la base, no en una letra chica: al llegar al techo la cola se frena y no sale más trabajo. Producción es aparte a propósito —es lo que le pega a tus sistemas de verdad— y eso se conversa.
Prueba
Sin costo
Para ver si el agente hace el trabajo, sin poner una tarjeta.
- Dos agentes, en dev y staging
- US$ 5 de modelo por mes, con corte automático
- Verificación, permisos y aprobaciones completas
- Chat propio del agente y API de lectura
Piloto
recomendadoUS$ 490 / mes
Para un proceso real en producción, con una persona aprobando.
- Diez agentes, con producción y promoción por ambiente
- US$ 200 de modelo por mes (o tu propia llave)
- WhatsApp, consola declarativa y avisos firmados
- Criterios, auditoría continua y pruebas adversarias
Unidad de negocio
A conversar
Para un área entera: varios equipos, varios agentes, un solo lugar con los datos.
- Agentes sin límite y orquestación multi-agente
- Tope de gasto acordado y roles por equipo
- Bóveda con llave propia por organización
- Soporte con acuerdo de respuesta
En tu infraestructura
A conversar
Para compliance que exige que nada corra en nuestra nube.
- La plataforma instalada en tu nube (compose y worker con systemd)
- Tu Postgres, tu KMS y tu llave de modelo
- Sin tope nuestro: el techo lo pones vos
- Migraciones y actualizaciones acompañadas